FAO: cuando la supervivencia económica se enfrenta a la transición ecológica

Son las 11 de la mañana cuando la delegación de Haití se enfrenta a una elección crucial.

Una elección que aparece una y otra vez en los debates de la FAO: ¿debe priorizarse la ecología cuando un país sufre regularmente los efectos del cambio climático, las catástrofes naturales y los choques ambientales? ¿O, por el contrario, debe darse prioridad a la economía cuando se forma parte de los países más vulnerables del mundo? Para Haití, este dilema dista mucho de ser abstracto. La agricultura constituye la base misma de la supervivencia del país, tanto en el plano económico como social. Una transición ecológica demasiado rápida podría agravar la pobreza y la inseguridad alimentaria. La delegación haitiana lo resume con claridad: «Sin desarrollo económico, es imposible aplicar una verdadera ecología».

Así, Haití afirma que el desarrollo económico debe preceder a la ecología, no por desinterés hacia el medioambiente, sino porque sin estabilidad financiera no es posible ninguna transición sostenible. Esta postura convierte a Haití en un punto de partida revelador para comprender las divisiones que atraviesan el comité. En los países vulnerables, la ecología puede concebirse como un objetivo, pero no como una prioridad inmediata. Haití no es un caso aislado. Países como Bangladesh, Etiopía o Kenia se enfrentan a la misma realidad. Estos Estados se encuentran entre los más afectados por el cambio climático, al tiempo que disponen de medios muy limitados para hacerle frente. Todos reconocen la importancia de la ecología, pero su prioridad sigue siendo clara: alimentar a su población y garantizar un mínimo de estabilidad. Para ellos, la ecología es un objetivo a largo plazo que solo podrá alcanzarse con un fuerte apoyo financiero y técnico de la comunidad internacional. Como expresó un delegado africano durante los debates: «No se puede proteger el medioambiente cuando ya se está luchando por sobrevivir». Para los países desarrollados, la ecología es una prioridad asumida. Algunos países como Alemania, Francia, Canadá o Japón sitúan claramente la ecología en el centro de sus políticas agrícolas. Gracias a sus recursos financieros, su investigación y sus tecnologías, estos países pueden invertir en una agricultura sostenible sin poner en peligro su economía. Su visión se basa en una transición rápida, estructurada y regulada. La delegación alemana resumió esta postura con una frase que se volvió central en los debates: «Hay que producir de manera más limpia, pero no producir menos». Entre estos dos bloques se encuentran los países emergentes como Brasil, India, China y México. Su posición es más matizada. Estos países quieren avanzar en el ámbito ecológico sin frenar su desarrollo económico ni su papel en el abastecimiento alimentario mundial. Defienden una transición progresiva, adaptada a las realidades nacionales, basada en la innovación y la cooperación. Para ellos, no se trata de elegir entre ecología y economía, sino de hacer avanzar ambas de forma simultánea. Por último, algunos países ricos como Catar o Arabia Saudí priorizan ante todo la seguridad económica y los intercambios internacionales. Su estrategia se basa en la innovación tecnológica y el comercio para garantizar un acceso estable a los alimentos. Para estos Estados, la ecología es importante, pero nunca debe poner en riesgo la estabilidad económica ni la seguridad alimentaria inmediata. A lo largo de los debates, una idea se impone con claridad: la verdadera fractura no está entre la ecología y la economía, sino entre los países que pueden permitirse una transición inmediata y aquellos que primero deben sobrevivir. La FAO revela así una profunda brecha mundial en la que la transición ecológica no puede ser uniforme. Debe tener en cuenta las realidades económicas de cada Estado, o corre el riesgo de agravar aún más las desigualdades entre países.

Mathys Pastel